7.12.12

Acerca de Todos los Nombres el Nombre


El hijo de Obatalá. El hijo de Obi Wan Kenobi. El hijo de Biz Markie. El hijo del Marqués de Sade. El hijo de saudade. El hijo de lo acontecido ayer. Ayer aconteció la pérdida de un hijo cualquiera tiene un hijo perdido: el hijo de mi papá. Sus nombres son: Yeyo Lima, Carlos Soto Arriví, Cheíto Cruz, hijo. El hijo del oboe. El hijo de Lavoe. La 'e' es silente en el nombre artístico del padre: “Héctor Juan Pérez perdió a su hijo, víctima de un disparo accidental a manos de un amigo del menor.” Su padre se suicidó. En el nombre del padre, Francisco Rebollo López (1938- ), el hijo de su suerte quiso hacerle una canción. La canción es una 'e' silente.

En el libro de Juan Carlos Quiñones (alias Bruno Soreno, hijo de ????), la letra 'e' tiene 53 páginas. Una 'guerra' le llama y cito desordenadamente: “en tu huida, es imposible el peso de la palabra contagio.” Ni una sola 'e' en la palabra contagio, ni en contagiar, ni en “Contagiados” titularía el cuento que le escribiría a Juan Carlos, hijo de un alias, en el día de hoy. Un cuento de 53 páginas. Comenzaría con una guerra.

Hoy es diciembre 7. Quiero un alias: Sereno, Bruno. El apellido primero y mal escrito. La letra 'e' ocupa un lugar que no le corresponde. Silente, se encarga de rondar de noche por las calles del libro Todos los Nombres el Nombre. Las calles de un libro son, por definición, propiedad de la 'e' que las pisa ruidosamente. Y cito: “Nunca les dije mi nombre.”


Sereno, Bruno, que en tu libro no aparece la palabra “sortilegio.” Estoy adivinando, no más. Mi padre me enseñó a cerrar los ojos y decir lo primero que viniera a la mente: “oboe.” Una palabra perfecta porque no es nombre de nadie más allá de la cosa que nombra estúpidamente con una 'e' al final que suena. Hoy le declaro la guerra a esa 'e'. Como que mi nombre es Juan Carlos Quiñones. 

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