3.11.12

Some of my favorite writers are my friends


Cambia la luz. Detengo la marcha. M cruza la Avenida Universidad. Bajo la ventana, extiendo el brazo y saludo. No me escucha. Lo observo pasar frente a mí. Balbucea algo. Asiente con la cabeza. Balbucea otra cosa. Rechaza la idea. Con la cabeza. Convincentemente. Cambia la luz. Retomo la marcha despacito. Observo a M caminar hacia la Ponce de León. Balbucea. Asiente. Se corrige. Niega. Se reitera. Furioso. Me detengo en la próxima luz. Reintento brindarle mi saludo. Esta vez por la ventana del pasajero. No me escucha. No me ve. Habla solo.

M es poeta. Y simpático. Sus saludos tienden a ser tiernos, agigantados.

M es relativamente pequeño y desconocido fuera de los curiosos y cerrados círculos en que se mueven los y las poetas del País.

Me estaciono y lo sigo a pie para mi clase. De camino lo vuelvo a ver, ya en los predios de la universidad. Sonrío, sacudo mi mano con felicidad y exceso, buscando llamar su atención. Balbucea algo. Lo rechaza al instante. No me mira, gira su cuerpo hacia el lado, sigue caminando.

Considero llamarlo por su nombre, ir tras él. Exigir explicaciones. Intento recordar alguna línea de su autoría para captar su atención. “Para devolvérmelo,” me digo. Y rechazo la línea con la cabeza. Duramente. Balbuceo otra cosa. Corrijo.


Los poemas se construyen así.

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