2.11.12

Santini y El Invader (cut and paste)

¿En qué partido militaría Bruiser Brody? Esa es la pregunta. De chamaquito, lo peor que te podría hacer un luchador profesional es cambiarse de bando, traicionarte. De adulto, lo peor que te podría hacer una súper estrella de la lucha libre, es apoyar a Santini. Mentira. Lo peor que podría hacer es armar un mini-ejercito de chamacos faltos de trabajo para agredir a chamacos y chamacas en la universidad. Nada que ver. Lo peor que podría hacer un héroe de juventud es inmiscuirse en la política partidista del patio en busca de otro guiso. Y jugar a técnico o a rudo con los intereses y necesidades y sentimientos de la población. 

De chamaquito, odiaba a Chicky Starr porque me traicionó o más bien, porque todo el mundo hablaba como si se sintieran traicionados por él. Luego lo amé porque amo el poema de Hermes Ayala. En la universidad aprendí a odiarlo nuevamente. Con el odio de adulto, de ver a mis compas correr. 

De chamaquito, amaba al Invader. De corazón, aunque no tenía idea de dónde quedaba San Lorenzo en el mapa. Y odiaba a Bruiser Brody por pura referencia. Porque el Invader, en mi cabeza, no hubiese sido capaz de matarlo de a verdura. Después de todo, lo mejor del puño al corazón es que la gente al ratito se despertaba, salía del ring y regresaba a luchar la próxima semana. Ahora no sé a quién odio más. 

De chamaquito, solía hacer listas de mis luchadores preferidos. Cuando se cambiaban de bando, los tenía que tachar. Con tristeza, dejaba de imitar sus movidas en el ring. Procedía a emular a otro. Lo mejor de la lucha libre es que siempre hay súper estrellas para adorar. No pasa lo mismo con la política. Ni cuando viejos luchadores entran en ella. De hecho, la hacen lucir ridículamente cruel. Más de lo usual. Porque duele lo que hacen. De a verdura. En el corazón.

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