29.11.12

La Torre



Imagino que está atrapada en una torre. Y grita porque Guillermo se va sin ella. Pero lo más probable está en un balcón amplio, señorial con vista a un hermoso jardín y grita porque Guillermo se va. O quizás está en Santa Rita a mediados del siglo pasado en la casa de la infancia con Monsieur Bonar, su padre, y Guillermo no llega a recogerla. Pero, entonces ¿por qué grita? Yo me entero de boca de mi madre, a quien le toca ofrecer explicaciones: “Papi murió.” “No puedes bajarte de la cama.” “Ella es Yolanda y se va a quedar contigo esta noche.” Más tarde gritará porque está atrapada en una cama y Yolanda la quiere matar.

“No, mami. Ella es Yolanda y vela tu sueño y te lleva al baño y cambia tu ropa de cama.” Mi vieja le habla idéntico a como me hablaba a mí cuando yo soñaba con torres en un jardín hermoso a la vuelta de la manzana de la casa de mi abuelos. Claro, en mis sueños tropas enemigas habían derrumbado todas las torres del reino y alguien gritaba “¡Guillermo!” porque yo entraba a la casa cubierto de lodo. Para ese entonces, solía acompañar a mi abuela todas las tardes a velarle el sueño a mi abuelo meses antes de morir. A él no lo recuerdo gritando por nada. Sólo que se fue. Dato que mi abuela comenzó a olvidar en días recientes. Es curioso, porque durante los últimos 20 años, mitad de sus oraciones comenzaban “Cuando Guillermo estaba vivo” y la otra mitad “Desde que Guillermo murió.” Ahora grita porque Guillermo la dejó atrapada en una torre y no se casarán y mi madre no será la segunda de cinco hijos y no existirá una mujer de nombre Yolanda para que le vele el sueño sin importar que mi abuela la trate como si ella la quisiera matar.

Yo me entero de boca de mi madre, a quien le toca ofrecer excusas por cualquier cosa que mi abuela le pueda decir: “Ella ha perdido su filtro. Y siempre fue una mujer muy fuerte de carácter, pero fue una buena mujer. Usted perdone.” Y Yolanda perdona. Y ayuda a mi madre a bajarla de la torre con cuidado.


Yo las he visto acomodar a mi abuela en la cama. Ella grita “¡Guillermo!” y yo cruzo un jardín hermoso, cubierto de lodo para llegar a ella. “Ita, perdóname por tardarme tanto.”



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