28.10.12

Why i read


Como lectores/as, dudo mucho que acudimos a las columnas, artículos, escritos varios de los y las creadoras de literatura en este País en busca de un sobrio análisis de los issues, nítidamente expuesto y calculado como el presupuesto mensual, al centavo. Yo, al menos, como lector acudo a los ensayos “políticos” de mis autores y autoras favoritas buscando en ellos lo mismo que ansío ver en sus textos literarios—un toque de magia escritural sobre la materia que abordan.

Por tanto, me preocupa de Carpio, como escritor, que patrocine una postura tan práctica y tan desarriesgada ante la elección venidera. Después de todo, ser escritor (punto) conlleva algunos riesgos, particularmente cuando uno interviene en el debate público sobre los asuntos del País (a menos que le escribas los discursos a candidatos, pero bueno). A estos efectos, James Baldwin, era tajante: el escritor que se aventure a entrar en el terreno de lo político no puede perder noción de que se debe principalmente a una ética escritural, marcadamente distinta a la de nuestros representantes electos; quienes, por su parte, se deben a sus constituyentes y sus donantes y sus partidos.

Magia implica deseo. De la parte del público. El deseo de que lo que se observa, por más fantástico que parezca y a sabiendas de que es puro truco, sea cierto. Cuando un/a escritor/a aborda un issue político debe truquear a su público lector. No en materia de dólares y centavos. Sino en materia de las posibilidades afectivas que tenemos, individual y colectivamente, para atender los asuntos del País.

Yo escojo mis autores favoritos por sus sentimientos. Que, en ocasiones, pueden ser los peores que un individuo podría ostentar. Los escojo por la magia con la que los despliegan sobre el papel—la particular intensidad de su expresión escrita, salvaje o sutil, que inevitablemente me lleva a poner en duda los límites de mi habitual marco de acción como ser humano (punto).

Nuestra vida política requiere intensidad. Requiere magia. Yo, al menos, necesito ser maravillado por mis creadores y creadoras de palabras. Como fiel lector. Como posible elector. Como parte de la oposición.  

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