21.10.12

the go getter


Un escritor obliga a otra a escribir con lo que tiene a su alcance, salvo su imaginación. Un tercero presencia el intercambio. Presenciar, en este contexto, es un verbo inexacto o simplemente falso. Es decir, el estar presente tiene que ser imaginado cuando el tercero lee el guión de una conversación a entablarse entre un escritor y otra en una ocasión futura. Habría entonces que inventar.

Una escritora se queja de las palabras que tiene a su alcance, en tanto las que vierte sobre el papel no han sido reconocidas por comunidad escritural presente o pasada. Siente que tiene que inventar. O más bien comprende que ha inventado.

¿Acaso ostentarás conocer todas las palabras existentes?, le pregunta el escritor, iniciando la conversación que el tercero imagina presenciar.

Las conversaciones ajenas sirven para tomar palabras a préstamo, descontextualizar fragmentos de diálogo, insertarlos en textos concebidos desde el inicio como espacios de invención. El tercero quisiera escribir como el escritor y ella hablarán según el guión que espía.

Espiar es el equivalente de leer lo que otros escriben sin pensar en la comunidad de lectores que se forma alrededor de un texto cualquiera, como el público convocado a presenciar una nueva invención.


¿Acaso leer es un acto de reconocimiento?, le pregunta el tercero al escritor, interrumpiendo la conversación que sostendrá con ella. “Yo leo por el placer de escucharme decir lo que sea que aparezca en el papel, reconocible o no,” se escucha declarar el tercero en su cabeza a manera de cierre y sentencia.

La escritora, entonces, toma la palabra pero no se le entiende. Un público ha sido convocado. Todos repiten lo dicho.

¿Será hermoso?, considera el tercero al tiempo en que anota lo que escuchó, sin cuestionar la necesidad de escuchar las palabras de la otra en su voz.


Siente que alguien lo está mirando.

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