14.10.12

Pay for soup. Build a fort. Set that on fire.


El hombre que posa para la foto es escritor. El hombre que la toma se dedica a retratar escritores. Por ende, quien haya posado para una foto con él es y podrá ser considerado siempre un escritor. De eso se trata.

En la mía, aparezco mirando fijamente una bombilla encendida en la placita de Santurce. Visto una camisa de botones, las mangas arremangadas, mahones.

“Que foto más pendeja,” pensé mientras sudaba indeciso sobre si lucía lo suficientemente interesante como para que alguien se tomara la molestia de leerme. De eso se trata, ¿no?

¿Qué tipo de escritor sos vos?” me preguntó el hombre antes de tirar la foto. Dato curioso: el fotógrafo que hizo la pregunta era mucho más famoso por retratar escritores de lo que yo seré por ser escritor, no importa cómo contestara. “Esa es una observación que Lalo hubiese hecho,” dije con cierta alegría, pero no me entendió.

“Este hombre ha retratado a los grandes,” así nos presentaron. Dije que para mí sin duda sería un honor o un placer o una bendición. Sudaba.

¿De qué escribes?” Poesía. “¿Entonces vos sos crítico?” Sí, bueno, no. Es decir, escribo poesía. Critico. “Bien, anda y parate bajo la bombilla.”

Al cabo de unos meses recibí una copia digital de la foto. El nombre del archivo era: “Gilberto Regolledo, poeta puertorriqueño.” Al menos no habían manchas de sudor.


¿Qué tipo de escritor será Gilberto?” es la pregunta que me hago al momento de sentarme a escribir. “Un pendejo,” contesto con una mezcla de frustración y alegría, sudando. Entonces escribo poesía de mí, malamente. Y para bien. Uno más de los pequeñitos. 

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