24.10.12

Chino, graffiti, libros and the such (sobre Los Muros Hablan)


Será que Chino quiso darle un tapaboca a Roa (por eso de ser consistente con la metáfora). O buscaba pauta. O no respeta el arte urbano y sus códigos. O quizás es una afrenta al patrocinador corporativo del evento. O simplemente le dio la gana. En todo caso, me parece que basta con que los muros hablen. No necesitan guardianes. Y no, no creo que se regó la voz acerca del acto de ¿vandalismo? porque la gente siente que el mural les pertenece. ¿Acaso el muro nos pertenece? ¿Qué es lo que nos piden los cuerpos que se detienen frente a él? ¿Cerveza, arte o comunidad? Es que me confundo.

Nada, que no creo que sea ni tan serio. Yo leo la noticia de Chino “el vándalo” en Santurce y pienso en La Tertulia en Rio Piedras con sus graffitis. Entonces considero si me siento de alguna forma ofendido por ellos, y de estarlo, si dicho sentimiento responde a un sentido de pertenencia. No sé. Sé que cuando me detengo frente a las vitrinas de la librería, el cuerpo me pide café y libros y amigos. ¿Acaso debo escribir eso en un muro? En cuyo caso, ¿debo tener consideración por lo que sea que ya aparezca garabateado en él?

Algo parecido me pasa con los libros que presto y que me prestan. Yo los escribo. Los propios y los ajenos. Y no sé si debo escribir los míos, pues si al fin al cabo los prestaré por qué imponer mi voluntad como lector sobre futuros lectores, marcando los pasajes que me gustan. De igual forma, cuando es un libro prestado, no sé si procede dejar mi marca en sus páginas para hacer constar que en efecto “yo estuve aquí.” Pero un libro no es un muro. Los libros no hablan. Se leen.


Quizás debería escribir eso en un muro. Junto con “Guillo #1” o “GRG” o simplemente “Este muro no me pertenece. Tampoco habla por mí.”

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