23.10.12

Acerca de Luisito Vigoreaux y Orlando Cruz


“El negro vino a ganar.” Pero resulta que ambos contrincantes son negros. Es un chiste de raza. De los más bobos, claro, pero en tanto no existe equivalente para la ocasión en que ambos contrincantes sean blancos, supongo que de alguna manera refleja/recrea construcciones ideológicas de corte racista en el País.

“¿En qué división pelea Orlando Cruz, masculina o femenina?” Supone ser cómico porqu...
e Orlando recién hizo declaraciones públicas a los efectos de ser un hombre gay. El primero en el boxeo profesional. Es un comentario homofóbico en tanto es consistente con la norma establecida en el recreo en mis tiempos de elemental: “los nenes juegan con los nenes, los patos juegan con las nenas.”

Luisito Vigoreaux parece regir su vida personal y pública a partir de las normas aprendidas en el recreo durante sus años de elemental. De ahí que sus expresiones discriminatorias en torno a Orlando Cruz como individuo, hombre gay y deportista profesional, respondan a discursos de odio tan llanitos y simplones, que uno dude de la sinceridad del hablante. Que uno se cuestione si acaso el chiste no será otro. Como por ejemplo, el chiste de vivir en un país donde un tipo como Luisito Vigoreaux aún aparece en televisión cuando uno conoce tanta gente talentosísima que no consigue trabajo en la industria. O el chiste de depender de una figura como Rubén Sanchez para ser la voz de cordura, consideración y respeto for the whole of humanity as such. O el chiste de pensar que es posible entablar un contra-discurso efectivo ante semejantes muestras de odio, cuando son esas mismas reglas del recreo las que informan y rigen sobre el análisis de éste y demás temas relacionados en los principales medios del País. O el chiste de creer que la boca de Luisito sólo habla para y/o desde él.

  Yo no quisiera jugar con Luisito en mi hora de recreo. Yo no quiero verlo en televisión. Yo sé que es una cosa hiper-macharrana y en extremo problemática en este contexto desear que Orlando Cruz le tumbe los dientes a Vigororeaux, pero secretamente lo deseo. Tanto como deseo ver a Orlando triunfar. No, menos. No, más.

  Las dos cosas. Sinceramente.

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