12.9.12

Tres horas en sala de espera para Regla 6


De visita. En carácter de compañero. En carácter de que 
mano nadie debe tener que sentarse aquí a esperar a que 
llamen su nombre solo. Nadie debe tener que hacer tiempo 
aquí punto.

El chamaco frente a mí mide 5'5'' más o menos, trigueño, anda en pantalones cortos. Tiene las manos esposadas a sus espaldas. Toma asiento. Alguien debería sacarle el dedo a los agentes, a la sala de espera, al juez, al sistema por él. En eso pienso, mientras una chamaquita con la cara llorosa le pregunta a un agente acerca de los particulares del arresto de su hermano—otro chamaco, con una camisa de los Thundercats. Más alto. Menos trigueño. En pantalones largos.

Los guardias custodios tienen que esperar también. Y esperan como tipos normales, supongo. Cargan el celu. Conversan. Se mueven por la sala con naturalidad, y la naturalidad con que lo hacen me molesta. Porque, claro, para quien viene de visita a una vista de Regla 6, en pos de que 'mano, te acompaño' no cuenta con toparse con los rasgos definitivos de la cotidianidad, la rutina y la costumbre. Demasiada gente alrededor de mí chocándose las manos. Demasiados besos de hola y adiós.

El chamaco va deslizándose poco a poco en su asiento hasta que su cabeza queda a mitad del respaldar y sus rodillas casi chocan con las mías. Luce “desconectado,” creo que es la palabra. La hermana del otro nene—porque es un nene—entra y sale de la sala de espera atendiendo llamadas. El cover de su celu es idéntico al cover del celu del guardia que arrestó a su hermano. El agente le indica donde puede conectar el teléfono. Luce “miserable” es la palabra.

Cada cierto tiempo una mujer asoma la cabeza por la puerta al fondo del salón y lee el nombre de alguien, cualquiera. Luego el nombre de un agente. Van donde el juez. Y así.

Los guardias todos lucen algo entre “desconectados” y “miserables” pero no se me ocurre la palabra.


Las rodillas del chamaco y las mías se están tocando. 

2 comentarios:

  1. Los guardias lucen deslucidamente. Desconectados y miserables son dos buenas palabras. Una vez estuve en un cuartel por un choque o algo. Sentí lo mismo respecto a los demasiados besos y los demasiados "hola".

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