21.9.12

Porqué ya no escucho a Pabón Roca y Díaz Olivo (and the such)


Porque me arriesgo a darles la razón en un planteamiento 
cualquiera sobre los asuntos políticos del País y eso es 
suficiente para deprimirme y no bajarme del carro a tiempo 
para mi primera clase.


Porque de repente me digo, “Oye, si Alejandro tan solo mostrara tener un conocimiento vasto sobre la seguridad ciudadana o sobre la física cuántica o el siglo de oro español, quizá podríamos decir con certeza que la elección está gana, y el País de seguro pasará a mejores manos, ¿no? Tal vez si lo juntamos con la gente que tiene a Clinton luciendo tan cool y sagaz. ¿Acabo de llamar a Clinton sagaz? ¿En serio?”

Porque mitad de mis argumentos sobre política empiezan “es importante considerar el efecto mediático de,” o “nunca debemos desestimar lo poco y lo mucho que nos demuestran las encuestas, particularmente en lo que concierne a.” Y terminan fulminantemente en “Quiénes serán los asesores de este tipo, mano?” o, “Por eso votaré por Bernabe. Sólo espero que Alejandro no necesite de mí para ganar.”

Porque siento que me hacen más cobarde políticamente. Porque me envuelven y me confundo, y le presto demasiada atención a aquellos aspectos de la política partidista del patio que tornan el debate público de ideas en un patético estado de distracción perenne.

Porque si sintonizo largo rato siento que me dejan de importar Circunstancias y Condiciones de Vida a mayor y menor escala, y en su lugar, comento el “panorama político” (whatever that means) como si se tratara de un punto borroso a la distancia. Porque si comienzo mi día con sus voces en mi cabeza, y repito lo que escuché en la radio en conversaciones de pasillo, confundo lo dicho por ellos con mi sonido y para el final de la jornada, siento que ellos y yo hablamos con una sola voz.

Porque me arriesgo a no pensar nunca nada. 

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