26.9.12

El hombre de los abrazos


Conocí a Benito en la playa. En un “deslinde participativo” en el campamento de Playas pa'l Pueblo en Carolina. Lo había visto en la huelga de la UPR, pero no lo había abrazado. Benito no hace más que conocer a alguien y lo abraza. Yo no hago más que ver el mar y me pregunto por qué no traje mi traje de baño.

“No están solos” era la consigna de los padres y madres en la huelga. En mi memoria Benito tiene esa camisa puesta y me pregunto a cuántos estudiantes y padres y madres de estudiantes abrazó frente a los portones.

Un deslinde es como decir “hasta aquí.” Participativo implica que caminamos 45 minutos bajo el sol detrás de un individuo mientras tomaba unas medidas. Recuerdo que lo hice militantemente. Recuerdo además que una de las perritas del campamento se llamaba Arena. La otra Ola. Un tipo llamado Erizo me las presentó.

Fue en extremo aburrido. La parte del deslinde. Sin embargo, el abrazo me hizo sentir especial. Es un sentimiento que Benito le ofrece a cualquiera que tenga la suerte de conocerlo.

“No están solos” es una consigna maravillosa. En mi imaginación no nos decimos nada más los unos a los otros, pues no hace falta.

Hoy abracé a Benito con fuerza aunque brevemente. Lejos de la costa. Sin viento de mar. Frente al edificio federal en Hato Rey.

Allí estaba Benito, esta vez en guayabera, porque Edison tampoco merece estar solo mientras el jurado delibera. “Este es el abrazo que no le he podido dar,” siento que nos quería decir mientras me agarraba a mí y a mi compañera en sustitución. La verdad que yo apenas me he aprendido su nombre. El de Edison. Pero no, no lo podemos dejar solo.


Edison, querido, estamos aquí. Benito me dejó un abrazo a tu nombre. 

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