28.8.12

Merecer


Ricky Roselló es un wannabe. Tiene 33 años, posee un doctorado de la Universidad de Michigan en Ann Arbor, labora en la Universidad de Duke, es autor o coautor de un número modesto de publicaciones académicas, su padre es un ex-gobernador, se crió en La Fortaleza e inexplicablemente ha tenido injerencia desde el exilio en la discusión pública del acontecer político de este País sin mayor peritaje que ser un Roselló, pero lamentablemente siente que aún no se ha probado. Y merece una oportunidad.

Al menos se merece que Miguel Muñoz lo defienda, diría Miguel Muñoz refiriéndose a sí mismo en tercera persona. De acuerdo a él, Ricky envió su CV para consideración del Decanato de Ciencias Médicas, y la buena gente allí “como es costumbre” lo revisaron, y descubrieron que tenían una necesidad en sus campos de investigación, y Ricky era la persona perfecta para atenderla. No se trata pues de la creación de una plaza hecha a su medida, on demand, sino de la curiosa habilidad de Ricky para sacar a relucir una carencia institucional significativa desde afuera y subsanarla al momento mismo en que hace el señalamiento, mediante su oferta de emplearse en la institución.

Lo sé. Típicamente son las universidades las que ofrecen las oportunidades de empleo mediante una convocatoria a personas cualificadas para aspirar a X o Y posición. Pero no todos somos Ricky. Y a Dios gracias por ello, diría Dios refiriéndose a sí mismo en tercera persona.


Resulta que la vida de Ricky, contrario a la de la mayoría, se caracteriza por la falta total de oportunidades. Sus privilegios extremos como hijo de un ex-gobernador en efecto le cancelaron cualquier oportunidad a tener oportunidades. Es decir, a dedicarse a una faena particular, bregar con la vida en el ínterin, y desear con ansias locas que 'Alguien le de un chance' o 'Algo finalmente se le de.' Típicamente eso que llamamos mérito se otorga y/o se reconoce en alguna etapa de este proceso.

El problema de Ricky es que él quiere tener los méritos pero no tiene la más mínima idea de cómo obtenerlos. La Universidad, sin embargo, se ha mostrado dispuesta a subsanar esa necesidad en reconocimiento de su interés a recibir acomodo en lo que supone ser la sede principalísima del mérito en este País.

Al menos eso dijo Miguel Muñoz en los actos de graduación el semestre pasado, cuando un nutrido grupo de estudiantes, se puso de pie para darle la espalda. 

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