25.8.12

Café, Compu y Política

Hay un cuerpo frente al ordenador. Y en la pantalla, qué se yo, pornografía, un carrito de compras virtual, el video del tiroteo en el Empire State. El sujeto que mira la pantalla con genuina consternación a causa de sabe dios qué cosa—la represión de la expresión en Rusia — cuelga la imagen-objeto de su disputa con el mundo de su perfil y vacía la bibliografía de su tesis de maestría en el encasillado para comentarios. ¿Gustará? Acto seguido, se levanta y pone el café. Es su rutina.

El cuerpo vuelve y toma asiento. Diecinueve “likes.” seis comentarios. ¡Gusta! Zizek dijo que habrían días así en que el trabajo político de la semana culminaría con el café de por la mañana. Check.

Se trata a fin de cuentas de personas privadas haciéndole espacio a los asuntos del mundo en su agenda cotidiana. Actos que por su mismísima inocuidad son y serán repetidos por múltiples sujetos sentados frente a su ordenador, conectados por lazos de “mano, lo que sea”—la materialidad de sus cuerpos y la afición por el café en las mañanas frente a la compu. Zizek dijo que habrían personas así: todas las que tengan el tiempo y los medios para serlo. Muchos de los aquí “presentes” lo somos—un “yo” plural y rutinario: leer, postear, escribir y comentar lo político cotidianamente y a distancia, el uno del otro y de lo acontecido.

Pero nuestros cuerpos siempre solos frente al ordenador, no importa cuántos, no conforman una multitud por más que nos “veamos” reflejados en nuestras listas de contactos, amigos, seguidores. No hay riesgo real al momento de conformar esas listas y Zizek dijo que tendríamos que corrernos el riesgo de verdaderamente conectar con alguien, no importa quién o cuán “nadie” fuera, y muy a nuestra costa.

Hablo de mí y de los muchos que pululamos por este espacio en busca de algo que hacer, y sucede que gran parte de nuestra gesta cibernética contiene matices políticos. A mí en particular, y dentro del contexto puertorriqueño, el contacto entre sujetos online no me cuesta más que la tarifa de conexión. Yo sé muy bien que a otros y otras les cuesta la libertad o la vida.

Quisiera "encontrármelos." Quiero decir, aventurarme a igualar el contenido de su acción en los escenarios específicos del riesgo en nuestro contexto político particular. Las y los demás actores están afuera. Dicen que el nuestro es un teatro callejero. No se equivocan.

Hay un cuerpo frente al ordenador. Y como parte de su rutina, bebe café e irrumpe en terrenos virtuales políticamente. Figuran en su pantalla una multiplicidad de cuerpos, ninguno de los cuales se dirige hacia él. Habitan un espacio otro desconocido e impenetrable por dicho medio. Habrá que romper la rutina. Salir a comprar el café.

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