14.10.09

No-lugar

14-OCTUBRE-2009 | GUILLERMO REBOLLO GIL
BUSCAPIÉ
No-lugar
Para el CAED


Estos son los hechos: la UPR permanece cerrada por orden del presidente interino, y los estudiantes están en otras. Se las han arreglado para desatar una universidad afuera y aparte donde el pensamiento se puede ajustar mejor a los contornos de la urgencia. Y verdades ocurren frente a los portones de la Universidad donde los estudiantes se encuentran más próximos al prójimo, más envueltos en su bienestar, más dispuestos a reconocer la similitud salvaje de quienes pertenecemos a un presente que está por excederse.

Estos son los hechos que dan lugar a la invención: Fortuño no existe.

Cualquier conversación sobre el gobernador de turno entre estudiantes es una conversación en tiempo pasado. La universidad que ocurre frente a los portones de la UPR está fundada sobre la figura de un gobernador que ha sido excedido en el pensamiento del estudiantado en tanto sigue sin responder a un mandato de proximidad con el pueblo.

Estos son los hechos del lugar que ocupan los estudiantes bajo amenaza de desalojo para decir que el País es un estar en otras, aparte y afuera de cualquier propuesta gubernamental basada en el poder adquisitivo de individuos. Que el País es un verbo en tiempo presente, impronunciable para quien mire a estos estudiantes extrañado, sospechoso, fuera de los contornos de la solidaridad, y no logre reconocerse como “parte de”.

“Grabo” algunos de sus nombres aquí: Gamelyn, Mariana, Arturo, Xiomara. Y los sumo al resto de nosotros envueltos en hacer universidad en exceso.

Estos son los hechos: no hay universidad sin invención. Fortuño no existe.

Pregúntenle a cualquier estudiante dispuesto a estar con ustedes en otras, aparte y afuera, en una especie de detente a la borradura que hoy nos ocupa el lugar de un gobernador.

Estas son sólo algunas de las verdades que ocurren aqui: la Administración es incapaz de cerrar esta otra universidad porque simplemente no la ve. Se le ha ido de las manos. Está fuera de lugar.


http://www.elnuevodia.com/columna/626128/

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