17.10.09

el paisaje metido en esta mano



Una piedra la piedra que me apedrea, me lapida
me ciega, la piedra vuela y duele, la piedra
no deja de ser piedra y cae,
la gravedad la hace caer
sobre cualquiera,
cualquiera recibe el impacto de una piedra
que emerge de la mano más inesperada, de esa mano
que empuña el revolver con tanta gracia
como en las películas
de los que nacen naturalmente para matar
y naturalmente matan, pero
todos somos hijos de la naturaleza.
Por eso escuchamos los coquíes en medio de la noche.
Nos gusta su sonido que es como una música,
y el sonido de los automóviles es como una música
y el olor de los mofles y los tiros de los revólveres,
qué son sino como las piedras
cuando caen hieren
las fiestas del 4 de julio con petardos
cómo duelen en los oídos los petardos de Buchanan
el coro de hombres tras la servidumbre de la casa,
los cañones de las cinco, los múcaros,
los búhos, las cotorras, los pájaros, el ritmo de los joggers
el de los altoparlantes
todos aquí reunidos,
forajidos,
como esa piedra
que de momento sale de mi mano
y cae.

"Brathwaite piensa en el ruido" (fragmento)
de Aurea María Sotomayor

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