10.6.09

Just Because

10-Junio-2009 | Guillermo Rebollo Gil

Cuando de derechos y libertades básicas se trata, el issue no es qué le debemos a la comunidad LGBT luego de hacer el inventario de personajes históricos que casualmente eran homosexuales; o qué se merecen por la manera tan perseverante o tan pacífica o tan admirable en que han lidiado con la adversidad en sus vidas; o cómo nuestra buena fe a fin de cuentas se extiende gracias al par de conocidos, las dos o tres amistades, o el queridísimo, aunque lejano, pariente que nos enseñó que son muchas las formas del amor, y unas son casi tan normales como las otras.

Ya son demasiados los asteriscos, las cláusulas escapatorias.

El derecho a pertenecer en igualdad de términos no es cónsono con membresías condicionales, a plazos, revocables al momento en que la causa de la comunidad LGBT deje de conmovernos (“as if it really had anything to prove to us”) o en el instante en que ese pariente, conocido o amigo dañe por siempre nuestra imagen de dicha comunidad, y “comprobemos” que hay unas formas de existir -bien por decisión propia, bien por biología- que no son tan “normales” como las otras y, por tanto, no merecen protección.

La ternura y la solidaridad no se otorgan ni se obtienen como privilegios o premios, ni son compatibles con jerarquías de creencias, valores o personas. Son totales o simplemente no son.

El issue, entonces, es qué le debemos a la comunidad LGBT porque sí. De qué manera podemos sentar nuevamente las bases para la comunidad mayor de modo que se garantice la pertenencia y la permanencia de ellos, irrespectivamente de cuántos próceres o gestores culturales o defensoras de la seguridad nacional “might just happen to be gay”.

El único requisito real para ser parte de una comunidad o nación es la voluntad de serlo.

La única respuesta válida es gestionar el cambio en la comunidad para darle su debida protección y respeto.

http://www.elnuevodia.com/columna/579104/

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