22.4.09

Just Desserts

El Caño Martín Peña no es y no debe ser de todos. Lo que se discute en la Cámara es si sus residentes deben ser la parte de ese todo con poder para decidir qué hacer con las tierras, o si su presencia allí es pura casualidad, accidente, o problema.

El Caño es una cuestión de quiénes quieren permanecer en la ciudad cuando la ciudad se quiere perder en Torrimar, y pues, Torrimar es la única parada de tren con Ben & Jerry’s y hay desarrolladores a quienes les gusta el dulce y les fascinaría poner heladerías en sus condo-hoteles. Y no tendrían ningún problema con que la gente del Caño compre mantecado, sólo que los visitantes primero deben registrarse con el guardia en la recepción. Pero sucede que los residentes no quieren helado o al menos no lo quieren al costo de perder el Caño (greedy motherfuckers).

Visto desde afuera (¿arriba?), el problema quizás es que no es ni tan difícil para muchos de nosotros escoger entre un helado o vivienda asequible para miles de personas, cuando esos miles habitan malamente un bolsillo del País que representa una fortuna para otros pocos con los bienes para explotarlo bien. Y es que el Caño ni es de nosotros ni nos interesa qué está pasando allí mientras lo que esté pasando no cause la impresión de que a la gente se le está premiando por su mala condición. (Salmo Responsorial, repetimos: I scream, you scream, we all scream for Ice Cream).

Muchas veces nuestra visión de justicia social no conflige con situaciones particulares de injusticia cuando los sujetos envueltos o son demasiado invisibles, o demasiado pobres, o demasiado insistentes en mantener intacta una comunidad porque entienden que ese bolsillo del País les pertenece.

Y a nosotros arriba se nos hace la boca agua, y sentenciamos: el Caño no es de nadie. Que se vayan para Vega Baja donde hay heladerías también.


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